lunes, 25 de abril de 2016

No me gusta estar tan sola, 
aunque soy capaz de vivir en la montaña
Y no hablar en días.
Mi deseo es que su olor me abrace.
Que sus ojos me miren, 
que su boca me diga.
Quema mis miedos sol nuevo,
haz de mi vacío cenizas. 
Por que las tardes en mi cama duelen.
Mis pies sufren,
culpa de mis malos pasos.
La noche siempre llega,
Solitaria y fría.
Llorosa calma.
Que crece día tras día.
Llenas mis labios de todos los nombres. 
Casi obligada a extrañar. 
No me gusta estar tan sola,
Aunque elegí yo esto,
un calabozo con almohadas de plumas. 
Valiente decisión bañarme con miel
en el valle de las moscas. 








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